Dirigir con incompetentes
Un buen liderazgo requiere conocer y desarrollar a cada persona, reconociendo tanto sus fortalezas como sus debilidades, para maximizar su potencial y el éxito de la empresa.

“La incompetencia del subordinado es imputable a la incompetencia del superior”

Para algunos de mis lectores este título les parecerá salvaje, arrogante, duro y hasta ofensivo, pero la verdad (verdadera, no la oficial) es que todos somos incompetentes para algo. Según RAE define incompetente: Alguien que no tiene la capacidad suficiente para hacer cierta cosa, especialmente un trabajo, o para ocupar un determinado puesto. O según Einstein: Todos somos unos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido. Una persona puede fallar por falta de orientación o por falta de recursos, por poco entrenamiento, por incapacidad o sencillamente por agotamiento. Sin un buen diagnóstico del problema que afecta a nuestro trabajador, correremos el riesgo de realizar una medida errónea y empeorar la situación. Pongo sobre la mesa 3 disyuntivas que trataré de despejar en las escasas líneas que me quedan.

¿Nos vamos de una empresa, o huimos de un “mal” jefe? ¿Cambiar a las personas o cambiar de personas? ¿Director de personas o director de personal? Podría seguir con más, pero es suficiente para enfrentar la “proeza” que significa dirigir personas en la vida. Según la experiencia el factor jefe es el determinante principal de la satisfacción y rendimiento de un empleado.

Hay una máxima que dice: “Dame un buen jefe y quédate con todo lo demás” no hay una compensación que alcance para tener que aguantar a un mal jefe, que además puede ser inepto. La segunda, “con estos bueyes hay que arar”, o sea que hay que descubrir todo el potencial que tenemos en nuestra propia cantera y a menudo no vemos; aplica siempre el efecto Pigmalión, si los tratas como tarados eso tendrás y viceversa.

Por último hay que tener en cuenta que la vanidad arruina muchos logros, y es difícil empatizar con un director vanidoso. Dirige personas el que las tiene a su cargo, el director de personal solo es un apoyo dentro de la empresa. La inflación verbal de un concepto suele ir unida a su devaluación real.

La ciencia de dirigir personas se resume en: Dedicar más tiempo a las personas

Conocer a los subordinados individual y personalmente diagnosticar que le pasa a cada uno. Enseñarles a trabajar. Saber premiar castigar y agradecer. Solo si empezamos a conocer y reconocer las incompetencias propias y ajenas, empezaremos a aprender a gestionar a la gente que depende de nosotros. Hay muchos roles que tiene que jugar un buen director: Vendedor, negociador, impulsor, coordinador, albañil que construya la organización, estratega, si todos estos fallan no serviría de nada la inversión en las personas.

Una realidad nos dice que las personas no son importantes porque son personas, sino porque son negocio. En fin por un lado tienes el discurso empresarial, de que las personas son lo más importante en la organización (parte humanista) y por otro lado la realidad de la reflexión anterior.

Después de ver que todos somos incompetentes, y las maneras de enfrentar esta premisa, concluyo que un directivo ha de saber corregir y premiar en los momentos justos para poder motivar y conseguir un buen funcionamiento de la empresa. ¡Esto es lo que hay y punto!

autor Juan José Alonso Llera


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