La innovación con impacto real no es el resultado de esfuerzos aislados, sino de la capacidad de empresas, gobiernos y ciudadanía para avanzar en la misma dirección. La rápida adopción del vehículo eléctrico lo demuestra: en apenas una década pasó de ser una alternativa marginal a representar uno de cada cuatro coches vendidos en el mundo a finales de 2025, con previsiones del 40% para 2030. Este salto no se explica solo por mejores coches, sino por la evolución coordinada de todo un ecosistema: fabricantes, productores de baterías, compañías energéticas y políticas públicas alineadas.
Las soluciones que transforman retos sociales y medioambientales prosperan cuando múltiples actores coordinan acciones dentro de sistemas interdependientes. La tecnología, por sí sola, no basta; su impacto se diluye sin colaboración entre sectores, gobiernos y comunidades. Por ello, las empresas que buscan escalar innovaciones sostenibles deben ir más allá de su negocio y contribuir a rediseñar los sistemas en los que operan, cambiando incentivos, reglas y mentalidades.
Un paso clave es comprender a los grupos de interés y cómo influir en ellos. Existen actores centralizados —gobiernos, reguladores, proveedores o competidores— que concentran recursos decisivos, y actores dispersos —clientes y comunidades— cuyo poder es colectivo y se basa en la confianza y el valor social percibido. La forma de relacionarse con cada grupo depende del tipo de poder que ejerza la empresa: poder legítimo (autoridad reconocida), coercitivo (capacidad de imponer condiciones) y poder de referencia (credibilidad y admiración).
A partir de esta combinación de tamaño y autenticidad surgen cuatro arquetipos.

Las “crías de canguro”, pequeñas y con poco poder, necesitan alianzas para amplificar su voz. Los “gorilas con recursos”, grandes pero poco percibidos como auténticos, pueden impulsar cambios si colaboran con actores creíbles. Las “abejas genuinas”, pequeñas pero muy auténticas, influyen gracias a su poder de referencia y a la presión social. Y los “leones legítimos”, grandes y confiables, combinan todas las formas de poder para liderar transformaciones sistémicas.
El mensaje final es claro: el cambio profundo casi nunca ocurre de manera espontánea. Surge cuando el poder se ejerce de forma estratégica y colectiva. Las empresas que saben colaborar, complementar sus fortalezas y activar a los distintos grupos de interés están mejor preparadas para escalar la innovación sostenible, afrontar los grandes desafíos globales y construir una ventaja competitiva duradera.




