En muchas pymes, el dueño inicia operando todas las áreas del negocio, pero cuando la empresa crece, esa misma forma de trabajar se convierte en el principal límite para su desarrollo. El verdadero crecimiento ocurre cuando el empresario evoluciona de operador a director, delegando con estructura, desarrollando a su equipo y enfocándose en la estrategia. Una empresa preparada para crecer no depende de la presencia constante de su dueño, sino del nivel de talento directivo con el que es conducida.